RELOJES DE ARENA, 2
Y en el mar las islas
perdurables
ocultas a mi rostro que interroga.
El viento está en la acera
esperando cruzar
a la hora convenida.
Una gaviota enorme
vigila el paso
con su pico sangriento.
Al fin los pies
con el viento se atreven
en la isla solitaria.
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