EL DÍA
Hay días simplemente que no quieren ser buenos.
Puedo por tres caminos coger el subterráneo:
uno me lleva a la amarilla línea
del sol, otro a la azul oscuro de la noche,
el tercero a la roja del infierno
o de la sangre o del crepúsculo.
Mientras camino y me dirijo
a una de las tres vías iniciáticas,
mis pasos adelantan sin darse apenas cuenta
a dos viandantes.
El primero
me pide perdón justo después de percatarse
que interrumpía mi adelantamiento,
el segundo
se aparta sin decir palabra y sin querer
ser obstáculo él tampoco.
El último
escollo hacia abajo no lo conozco.
Sé que está ahí y me sumerjo.
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