UN DÍA EN EL HERMITAGE
El negro resplandece
en el retrato negro
del Hermitage.
Los ojos negros y la barba
y el pelo negros, el ropaje absoluta-
mente negro del Conde
Duque en el Hermitage.
La hostil mirada del poder,
dentro del Hermitage.
Los senos blancos se dibujan
en el tapiz del agua
y después se sumergen en el fango
sin dejar de ser blancos y turgentes.
De negritud un aura los rodea,
pero relucen de placer ausente.
La faz también, después de sumergida,
sale a la superficie
y rodeada de oscuridad,
ilumínase sólo a ella misma
y queda allí -en la travesía-
dispuesta al sueño.
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